Las metas empresariales suelen ser definidas por los directivos, quienes determinan los objetivos estratégicos más relevantes a nivel corporativo. Algunas empresas utilizan el análisis SWOT para identificar fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas, y luego establecen metas que les permitan aprovechar cada una a su favor. Es fundamental garantizar la alineación de las metas empresariales entre los directivos y los patrocinadores internos de marketing.
Un ejercicio valioso es visualizar dónde se desea que esté la empresa en cinco años. Con esa perspectiva, es posible dar el siguiente paso y determinar los objetivos para el próximo año.
Tener una visión clara del crecimiento empresarial a cinco años es fundamental. Sin embargo, las metas empresariales deben limitarse a un año; de lo contrario, se convierten en estrategias a largo plazo, no en metas. Sin la posibilidad de enfocarse en metas desglosadas y medibles, resulta difícil identificar las iniciativas empresariales prioritarias.
Para definir las metas anuales durante la planificación anual, identifica los objetivos del año que contribuirán a respaldar la visión a cinco años. Por ejemplo, si la meta es alcanzar 500 000 usuarios en cinco años, el objetivo para el primer año podría ser expandir el negocio a nivel global. Otro objetivo podría ser lanzar con éxito un nuevo producto.
Una vez fijadas las metas empresariales anuales, desglósalas identificando lo que se debe lograr en cada trimestre dentro de un plan trimestral. Además, establece fechas específicas para los resultados clave. Recuerda que el objetivo es lo que se desea alcanzar, mientras que el resultado clave es el conjunto de 1 a 3 KPI para medir el logro del objetivo. Puede ser tanto un hito cualitativo como una métrica cuantificada.
Además de establecer plazos para las metas empresariales, asegúrate de que también cumplan con los demás componentes de los criterios SMART (es decir, que sean específicas, medibles, alcanzables, relevantes y con plazos definidos). Aplicar estas cinco pautas al crear las metas empresariales garantiza claridad y facilita el seguimiento del avance al momento de ejecutar los objetivos estratégicos.
Paso 5: Establece entre 3 y 5 OKR como máximo
En todo momento, lo recomendable es manejar entre 3 y 5 OKR por trimestre. Tener más puede dificultar la concentración en las metas. Los OKR que elige una empresa representan sus prioridades más importantes.
Las metas y los objetivos empresariales que se establezcan dependerán de varios factores clave, incluidas las oportunidades y amenazas actuales, tal como se señaló en el primer punto. Por eso, cada organización tendrá sus propias metas particulares. Aun así, revisar los objetivos corporativos de otras empresas puede ser una guía muy útil.
Paso 7: Despliega en cascada y alinea hacia arriba
Tras fijar entre 3 y 5 metas SMART para el trimestre, puedes comenzar a desplegar esas metas en cascada por departamentos o unidades, que a su vez las desglosarán entre equipos y personas. Ten presente que cada persona también debe establecer algunos de sus propios OKR, creando un sistema en el que las metas tanto se despliegan hacia abajo como se retroalimentan hacia arriba. El resultado es una red alineada de objetivos que otorga a todo el personal visibilidad sobre cómo sus contribuciones impulsan el avance en las prioridades de la empresa.
Ya definiste tus objetivos empresariales SMART, desplegaste los objetivos en cascada y todo parece ir bien, pero no es momento de bajar la guardia. Es fundamental hacer un seguimiento regular de estas metas para evitar las carreras de último momento a fin de año y garantizar la rendición de cuentas. Sin medición, no es posible ajustar el rumbo para alcanzarlas. Una vez establecidos, monitorea el avance de los objetivos estratégicos de la empresa.
Por qué establecer objetivos empresariales es clave
Establecer y hacer seguimiento de los objetivos empresariales es fundamental para el éxito de cualquier organización. Estas metas representan los logros finales, y medir el avance hacia ellas es lo que permite mantener una ventaja competitiva. Una de las principales razones por las que los objetivos no se alcanzan es que sus resultados no se miden.
Por eso, es clave que los objetivos y metas de la empresa sean medibles desde el principio. Esto permite monitorear el progreso de forma continua para saber si todo avanza según lo planeado, si se está perdiendo terreno o si es necesario pausar algún objetivo para atender otras prioridades.
Por estas razones, los objetivos empresariales deben ser SMART:
- Específico. Elimina la ambigüedad con objetivos bien definidos. No basta con querer atraer más clientes; el objetivo debe ser aumentar la afluencia en un 25 % para el próximo año.
- Medible. Elige objetivos que se puedan rastrear, evaluar y cuantificar con datos concretos. No basta con querer mejorar la eficiencia; define hasta qué porcentaje deseas aumentarla. Si el objetivo es incrementar las contribuciones benéficas, mide la cantidad de días de voluntariado o el monto donado en comparación con el nivel actual.
- Alcanzable. No establezcas objetivos solo por cumplir con el proceso, respalda cada meta con datos para asegurarte de que sea realmente alcanzable.
- Relevante. Los objetivos empresariales relevantes se alinean con los valores y propósitos centrales de la empresa. Al definir metas, hay que tener en cuenta el panorama general: si un objetivo no está alineado con los valores de la organización, será difícil alcanzarlo.
- Limitado en el tiempo. Definir objetivos empresariales es un gran paso, pero sin un plazo concreto para alcanzarlos, se pierde tanto la urgencia como la rendición de cuentas.
Al definir objetivos SMART para la empresa, el seguimiento se vuelve mucho más sencillo. Como el equipo de trabajo ya sabe exactamente qué se espera gracias a metas claras, el personal directivo podrá evaluar el avance con mayor facilidad. Así, podrán confirmar que todo marcha según lo planeado y, en caso contrario, ofrecer orientación para retomar el rumbo correcto. De esa manera, cuando lleguen las fechas límite, los objetivos estarán cumplidos.
Aunque suelen usarse como sinónimos, las metas empresariales apuntan a logros a largo plazo, como aumentar la rentabilidad, ingresar a nuevos mercados o ampliar la participación en el mercado. Los objetivos, en cambio, se centran en criterios específicos a corto plazo, como mejorar el índice de satisfacción de cliente en diez puntos o aumentar el tráfico web en un 5 % durante el próximo trimestre. En pocas palabras: las metas marcan la dirección y los objetivos definen las acciones.
Tipos de objetivos empresariales