Muchas otras metodologías de proyectos se confunden frecuentemente con Agile o Scrum. A continuación, repasamos dos de las más comunes, cada una con un enfoque diferenciado.
Scrum vs. Kanban
Al igual que Scrum, Kanban es otro popular marco de trabajo Agile. La diferencia principal es que Kanban pone énfasis en un flujo de trabajo visual para gestionar y evidenciar continuamente el avance del equipo. En un tablero Kanban, cada unidad de trabajo (una tarea o user story) se representa con una tarjeta. El tablero también incluye columnas que indican el estado de cada tarea, por ejemplo: To Do, In Progress, Testing, Done. A medida que el equipo trabaja en cada tarea, la tarjeta correspondiente avanza a la siguiente columna hasta completarse.
A diferencia de Scrum, que incorpora un número fijo de tareas en cada sprint, Kanban establece límites de trabajo en progreso (WIP), es decir, la cantidad máxima de tarjetas permitidas en cada columna en un momento dado. Cuando el equipo alcanza ese límite, no puede incorporar más trabajo del backlog del proyecto hasta finalizar las tareas en curso, lo que impulsa la concentración en el flujo continuo y la finalización de pendientes.
A diferencia de Scrum, Kanban no tiene roles predefinidos, sprints de duración fija ni reuniones obligatorias de equipo, aunque muchos equipos Kanban siguen realizando reuniones diarias de seguimiento. Los integrantes colaboran para entregar tareas según la demanda a través de un sistema pull que favorece el flujo continuo y la flexibilidad.
Agile vs. Waterfall
Waterfall es una forma más tradicional y lineal de gestión de proyectos, con un alcance, un cronograma y un presupuesto fijos, lo que la hace fundamentalmente distinta de Agile. A diferencia de Scrum y Kanban, Waterfall no es una estrategia ágil de gestión de proyectos. Adopta un enfoque descendente: recopila todos los requisitos del cliente al inicio y elabora un plan de proyecto integral y detallado antes de que comience el desarrollo. Los responsables de departamento en Waterfall suelen incorporarse activamente al proceso de desarrollo solo cuando se alcanzan los puntos clave de revisión.
En lugar de entregar pequeñas porciones de trabajo rápidamente, Waterfall se centra en completar el proyecto en su totalidad, lo que puede llevar meses o incluso años. Esta metodología prioriza la planificación exhaustiva antes de iniciar cualquier tarea, con el objetivo de evitar cambios o actualizaciones una vez que el desarrollo está en marcha. Al ceñirse a un alcance fijo, los proyectos de Waterfall se entregan de forma secuencial y predecible.
Mientras Agile enfatiza las pruebas continuas a lo largo de ciclos iterativos, Waterfall suele reservar el control de calidad (QA) para el final del proyecto, una vez completadas todas las etapas de desarrollo. Si bien esto puede mantener al equipo de desarrollo enfocado en los requisitos originales, los errores significativos detectados en etapas avanzadas del ciclo de vida del proyecto pueden generar correcciones más largas y costosas.
La metodología Waterfall es, en términos generales, adecuada para proyectos con requisitos altamente estables y bien definidos, o que deben cumplir normativas regulatorias estrictas. Las metodologías ágiles, en cambio, resultan preferibles cuando se busca brindar a los equipos mayor flexibilidad, especialmente cuando se espera que los requisitos evolucionen.